Mucho
se ha hablado y escrito acerca de la sugestión del otoño en el espíritu de los
entrerrianos. Se lo ha vinculado a las actividades creativas, a la fertilidad,
a la meditación, al gozo sereno, a la sabiduría. “Es nuestro otoño la plenitud segura de nuestra manera de ser
provinciana”, decía Julio C.
Pedrazzoli en uno de los primeros ensayos acerca de nuestra poesía.
Saludando
su advenimiento, quiero compartir algunos poemas de autores de Entre Ríos, para
esas tardes en que “la vida apaciguada /
descubre su tesoro”, como dijo Andrés
Chabrillón en su célebre
Cancioncilla de otoño
Yo soy como Entre Ríos,
la del feliz otoño:
abril de los diamantes,
mayo de plata y oro.
Más que la primavera,
es el abril, dichoso;
serenidad, dulzura,
frescura y abandono.
Más que el octubre inquieto,
es nuestro mayo, hermoso:
cristales y rocíos
y azul y plata y oro...
Viene sabiduría
junto con el otoño;
la vida apaciguada
descubre su tesoro.
Su miel acendra el alma;
la soledad, en torno
del alma, es un fecundo
silencio luminoso.
Las rosas son más puras,
miran mejor los ojos;
es claro el pensamiento
y el sentimiento es hondo...
Una canción quisiera
del más fino decoro:
zarcillos de rocío
temblando en los pimpollos.
La simple cancioncilla
que es fugitivo elogio;
tejido de armonías
que se deshace pronto...
¡Para ensalzar la pulcra
condición del otoño!
(De Si pensara la rosa,
1954)
¡QUÉ
BIEN EXTRAÑO EL OTOÑO!
¡Qué bien extraño
el otoño!
Una tristeza que es
como un suspiro
de nostalgia
infinita.
Una absorta congoja
de recuerdos sin nombre.
Una desolación
flotante.
¡Qué bien extraño
el otoño!
Vaga el alma
perdida en su melancolía
como en el sueño
íntimo y lejano
de una melodía
que llora.
¡Qué bien extraño
el otoño!
Juan
L. Ortiz
(De El agua y la noche, 1924-1932)
OTOÑO EN EL AGUA
Desamarro esta barca
pequeña que se entrega
al partir de las
hojas, viento abajo;
poco después, mi
corazón a bordo
comparte la
distancia con los pájaros;
y allá, donde fondea
el horizonte
como un navío azul,
los días bellos
zarpan de mi lado
y a solas, con las
aguas, queda mi corazón.
Reynaldo Ros
(1938)
(De
este poema hay distintas versiones, ésta es la versión oral de R.
Ros a L.S. Grosso, incluida en Islas en
la lluvia, 1990)
Son muchos, muchísimos los
poemas motivados por el otoño, casi no hay poeta entrerriano que no le haya
dedicado alguna página memorable (bástenos citar, aunque más no sea, una
estrofa de Otoño en el viento, de Alfredo Martínez Howard:
El viento allí en
el álamo, inclinado lo mismo
que la palabra
adiós o el ajuar de la novia,
el viento del Otoño
que ha templado las hojas
con clavijas de
herrumbre y oídos amarillos.
Unas líneas de Soledades en las tardes de otoño,
de Alfonso Sola González:
(…)
Mira ahora, amor mío, la fuente rota y ese rey
deshojado.
¿Sabes quién soy, amor, en tu viejo jardín?
La flor del otoño se duerme en tu mirada
y hablan las lluvias, ya, de tu antigua belleza.
Amor, amor, ¿qué busca en el jardín vencido?
Los días mayores han llegado
y hay que saber morir cuando las hojas lo
anuncien. (…)
El comienzo de la Elegía
de Héctor Jorge Deut:
Qué pulcro rueda
abril, con qué decoro
prolonga mi
tristeza en el sendero,
calle abajo,
Santiago del Estero
y el parque,
derrochado en libras de oro. (…)
La Balada de otoño, de Marcelino M. Román, en la que el poeta
rechaza la idea bastante generalizada de vincular a la melancolía la “estación
de la gracia”:
Hoja
caduca ay racha fría,
pero
también primores.
Tras
de lluviosos días llega un día
de
sol a punto, comedida brisa
y
esmerados colores.
El
sosiego rodea la flor de la alegría
y
entre sus tiernos fulgores
donde
el paisaje luce su sonrisa,
se
aquietan los minutos triscadores
y el
tiempo placentero pasa sin prisa.
Terrestre
melodía
y
azules esplendores.
Otoño
de la gracia y la armonía,
con
lo profundo a flor de brisa
y lo
alado en floridos resplandores.
No
es la estación de la melancolía,
novia
de los poetas gemidores
que
la elegía tienen por divisa.
¡Oh
sustancias y mieles y licores
de
este tiempo apacible que pasa sin prisa!
Si has llegado hasta aquí, un
regalo más: un texto inédito de José
Eduardo Seri:
OTOÑO
¡Ah, el dulce otoño, litoral, seguro!
Tú le sientes venir y cuando llega
sabes muy bien que a tu dolor se entrega
como a la rosa huérfana del muro.
Lluvia. Ceniza. Trebolar maduro.
Destino del arroz y la maciega.
Y en todo él tu corazón que ruega
por una edad sin llanto y sin futuro.
Las tardes blancas y las tardes lilas
suman -después- tus lágrimas tranquilas.
Y así tu blanca soledad subsiste.
Corazón fervoroso que desploma
su estremecida sangre de paloma:
¡muerte también para el otoño triste!
(1945, inédito)
Dicen
que hay poetas que hacen antologías para incluirse ellos mismos. Dicen que hay
poetas que hacen antologías para excluir a otros.
Esto
no es una Antología del otoño, aunque ciertamente hay páginas memorables
y podría ser un primer apunte. Y para no contrariar la primera parte del
párrafo anterior, aquí va un par de la cosecha propia, y ¡FELIZ OTOÑO!:
Otoño
Linda mañana de
otoño.
Una sencilla
hondura.
Las hojas amarillas
y el gesto, sin
pudor, de la ventana
abierta a respirar
la maravilla.
Se mueve, entre sus músicas, el aire
y el corazón se piensa en lo que brilla.
Linda mañana de otoño, este domingo.
Blanca la casa; la palabra, límpida,
y un dejo a Dios en los ojos de los niños
que, ansiosos por jugar, vuelven de misa.
¡Qué gusto a luz en todo lo que pasa!
¡Qué limpia la razón de la alegría!
Lástima que el amor no junte a todos
los que se fueron, los que vendrán un día.
Pero qué linda mañana de otoño, este domingo.
Da gusto caminar sobre las hojas amarillas.
(De La piedra azul, 1985)
PLAZA
ALVEAR
Ya abril es una
rosa transparente,
oro lento fluyendo
en los vitrales.
El mundo es un
suceso de cristales
y la luz, el
espacio de la ausente.
Lleva en vilo la
tarde sus fanales
y el cielo es todo
cielo hacia el poniente.
Pasa una abuela
cabizbajamente:
es hora de campanas
y misales.
Tiembla en las
hojas lo que el aire siente
mientras se van los
días estivales:
continua agua
fugaz, como la fuente.
Y a paso de alma
por las diagonales
anda el otoño
delicadamente
la tenue sombra de
Sola González.
(De Sonetos, 2007)
Autor: JUAN
MANUEL ALFARO
Paraná, 21 de marzo
de 2013


.png)
.jpg)
.jpg)








