jueves, 21 de marzo de 2013

LA SUGESTIÓN DEL OTOÑO




Mucho se ha hablado y escrito acerca de la sugestión del otoño en el espíritu de los entrerrianos. Se lo ha vinculado a las actividades creativas, a la fertilidad, a la meditación, al gozo sereno, a la sabiduría. “Es nuestro otoño la plenitud segura de nuestra manera de ser provinciana”, decía Julio C. Pedrazzoli en uno de los primeros ensayos acerca de nuestra poesía.

Saludando su advenimiento, quiero compartir algunos poemas de autores de Entre Ríos, para esas tardes en que “la vida apaciguada / descubre su tesoro”, como dijo Andrés Chabrillón en su célebre

Cancioncilla de otoño

Yo soy como Entre Ríos,
la del feliz otoño:
abril de los diamantes,
mayo de plata y oro.

Más que la primavera,
es el abril, dichoso;
serenidad, dulzura,
frescura y abandono.

Más que el octubre inquieto,
es nuestro mayo, hermoso:
cristales y rocíos
y azul y plata y oro...

Viene sabiduría
junto con el otoño;
la vida apaciguada
descubre su tesoro.

Su miel acendra el alma;
la soledad, en torno
del alma, es un fecundo
silencio luminoso.

Las rosas son más puras,
miran mejor los ojos;
es claro el pensamiento
y el sentimiento es hondo...

Una canción quisiera
del más fino decoro:
zarcillos de rocío
temblando en los pimpollos.

La simple cancioncilla
que es fugitivo elogio;
tejido de armonías
que se deshace pronto...

¡Para ensalzar la pulcra
condición del otoño!

(De Si pensara la rosa, 1954)


¡QUÉ BIEN EXTRAÑO EL OTOÑO!

¡Qué bien extraño
el otoño!

Una tristeza que es como un suspiro
de nostalgia infinita.
Una absorta congoja de recuerdos sin nombre.
Una desolación
flotante.

¡Qué bien extraño
el otoño!

Vaga el alma perdida en  su melancolía
como en el sueño
íntimo y lejano
de una melodía
que llora.

¡Qué bien extraño
el otoño!

Juan L. Ortiz
(De El agua y la noche, 1924-1932)



OTOÑO EN EL AGUA

Desamarro esta barca pequeña que se entrega
al partir de las hojas, viento abajo;
poco después, mi corazón a bordo
comparte la distancia con los pájaros;
y allá, donde fondea el horizonte
como un navío azul,
los días bellos zarpan de mi lado
y a solas, con las aguas, queda mi corazón.

Reynaldo Ros
(1938)

(De este poema hay distintas versiones, ésta es la versión oral de R. Ros a L.S. Grosso, incluida en Islas en la lluvia, 1990)

Son muchos, muchísimos los poemas motivados por el otoño, casi no hay poeta entrerriano que no le haya dedicado alguna página memorable (bástenos citar, aunque más no sea, una estrofa de  Otoño en el viento, de Alfredo Martínez Howard:

El viento allí en el álamo, inclinado lo mismo
que la palabra adiós o el ajuar de la novia,
el viento del Otoño que ha templado las hojas
con clavijas de herrumbre y oídos amarillos.

Unas líneas de Soledades en las tardes de otoño, de Alfonso Sola González:

(…)
Mira ahora, amor mío, la fuente rota y ese rey deshojado.
¿Sabes quién soy, amor, en tu viejo jardín?
La flor del otoño se duerme en tu mirada
y hablan las lluvias, ya, de tu antigua belleza.
Amor, amor, ¿qué busca en el jardín vencido?
Los días mayores han llegado
y hay que saber morir cuando las hojas lo anuncien. (…)

El comienzo de la Elegía de Héctor Jorge Deut:
Qué pulcro rueda abril, con qué decoro
prolonga mi tristeza en el sendero,
calle abajo, Santiago del Estero
y el parque, derrochado en libras de oro. (…)

La Balada de otoño, de Marcelino M. Román, en la que el poeta rechaza la idea bastante generalizada de vincular a la melancolía la “estación de la gracia”:

Hoja caduca ay racha fría,
pero también primores.
Tras de lluviosos días llega un día
de sol a punto, comedida brisa
y esmerados colores.
El sosiego rodea la flor de la alegría
y entre sus tiernos fulgores
donde el paisaje luce su sonrisa,
se aquietan los minutos triscadores
y el tiempo placentero pasa sin prisa.

Terrestre melodía
y azules esplendores.
Otoño de la gracia y la armonía,
con lo profundo a flor de brisa
y lo alado en floridos resplandores.
No es la estación de la melancolía,
novia de los poetas gemidores
que la elegía tienen por divisa.
¡Oh sustancias y mieles y licores
de este tiempo apacible que pasa sin prisa!


Si has llegado hasta aquí, un regalo más: un texto inédito de José Eduardo Seri:

 OTOÑO

¡Ah, el dulce otoño, litoral, seguro!
Tú le sientes venir y cuando llega
sabes muy bien que a tu dolor se entrega
como a la rosa huérfana del muro.

Lluvia. Ceniza. Trebolar maduro.
Destino del arroz y la maciega.
Y en todo él tu corazón que ruega
por una edad sin llanto y sin futuro.

Las tardes blancas y las tardes lilas
suman -después- tus lágrimas tranquilas.
Y así tu blanca soledad subsiste.

Corazón fervoroso que desploma
su estremecida sangre de paloma:
¡muerte también para el otoño triste!

(1945, inédito)

Dicen que hay poetas que hacen antologías para incluirse ellos mismos. Dicen que hay poetas que hacen antologías para excluir a otros.

Esto no es una Antología del otoño, aunque ciertamente hay páginas memorables y podría ser un primer apunte. Y para no contrariar la primera parte del párrafo anterior, aquí va un par de la cosecha propia, y ¡FELIZ OTOÑO!:


Otoño

Linda mañana de otoño.
Una sencilla hondura.
Las hojas amarillas
y el gesto, sin pudor, de la ventana
abierta a respirar la maravilla.


Se mueve, entre sus músicas, el aire
y el corazón se piensa en lo que brilla.

Linda mañana de otoño, este domingo.
Blanca la casa; la palabra, límpida,
y un dejo a Dios en los ojos de los niños
que, ansiosos por jugar, vuelven de misa.

¡Qué gusto a luz en todo lo que pasa!
¡Qué limpia la razón de la alegría!

Lástima que el amor no junte a todos
los que se fueron, los que vendrán un día.

Pero qué linda mañana de otoño, este domingo.
Da gusto caminar sobre las hojas amarillas.

(De La piedra azul, 1985)


PLAZA ALVEAR

Ya abril es una rosa transparente,
oro lento fluyendo en los vitrales.
El mundo es un suceso de cristales
y la luz, el espacio de la ausente.

Lleva en vilo la tarde sus fanales
y el cielo es todo cielo hacia el poniente.
Pasa una abuela cabizbajamente:
es hora de campanas y misales.

Tiembla en las hojas lo que el aire siente
mientras se van los días estivales:
continua agua fugaz, como la fuente.

Y a paso de alma por las diagonales
anda el otoño delicadamente
la tenue sombra de Sola González.

(De Sonetos, 2007)

Autor: JUAN MANUEL ALFARO

Paraná, 21 de marzo de 2013

viernes, 15 de febrero de 2013

Historia de la Fiesta del Inmigrante Alemán en San Antonio


Primera Fiesta del Inmigrante Alemán 
Una tarde muy calurosa -a mediados de febrero de 1997- llegaron a mi casa el Sr. Carlos Alberto Michel y la Sra. Verónica G. Michel, integrantes de la Comisión Directiva del Club Social y Deportivo San Antonio. Me propusieron comenzar a planificar una fiesta anual que organizaría su club y estuviera relacionada con las costumbres alemanas y con el aniversario de la Aldea, dado que desde el festejo del Centenario no se había realizado ningún evento conmemorativo.

Para esa fecha la Municipalidad, a través de su área cultura, tenía organizados varios grupos de personas que se abocaban a las tradiciones alemanas.

Y así, fusionando los deseos de hacer algo por su club y lo que ya estaba en marcha desde la Municipalidad, nace la PRIMERA FIESTA DEL INMIGRANTE ALEMAN.

Tardamos menos de un mes en organizarla, se sumaron muchas personas desde las dos instituciones, que tuvieron la visión, la voluntad y la esperanza de que San Antonio sea con el tiempo una vidriera en cuanto a sus costumbres y tradiciones.

Personas que años anteriores me habían enseñado a valorar y a hacer lo posible por conservar las raíces, los orígenes, los cimientos, a apostar para mantener vivas las costumbres del baile, de las comidas típicas, sus alegrías a través del casamiento, su religión, Etc. Tanto me habían contagiado y entusiasmado que incluso llegué a decir: “nosotros, los alemanes…”

Ese sábado 1º de marzo de 1.997 la Fiesta comenzó en la Municipalidad con las palabras de bienvenidas del Presidente Municipal Carlos E. Michel y con una ofrenda floral al monumento de la abuela en el horno de pan, mientras los jóvenes cantaban “La Oma”. Desde ese lugar comenzó el desfile con los integrantes niños, jóvenes y adultos del “Sonnenblume” (alrededor de 60 integrantes) y los carros rusos que trasladaban a las postulantes a reinas que representaban a distintas instituciones de la localidad , la orquesta “Brisas Alemanas” y cerrando la agrupación Pancho Ramírez.

Llegando al club nos sorprendió la gente que esperaba el desfile, a esa primera fiesta asistieron alrededor de 900 personas más los organizadores.

Luego la fiesta se desarrolló con bailes típicos, orquestas alemanas, elección de la reina (donde fue elegida la Srta. Pamela Michel) y con la cocina típica alemana, a cargo del grupo “Unser Kuche”.

Sería extenso nombrar a todas aquellas personas que colaboraron para que esa primera fiesta fuera un éxito (así lo sentimos nosotros), pero no es para nada extenso reconocer a quienes trabajaron y se esforzaron por mantener vivas las costumbres alemanas y hoy no están con nosotros: a Rubén Spiazzi, Daniel Michel, Fernando Spomer y Hugo Huck. Gracias.

A 17 años de sus comienzos, la fiesta ha crecido, se ha perfeccionado y sigue en auge con el compromiso de muchas personas. Hoy a la distancia puedo observar que mantiene la visión de la primera: ser una vidriera y que año tras año lo consigue, debido a que vienen cada vez más personas de otras localidades y provincias.

Pero mi mayor satisfacción consiste en ver a esos dos pioneros: Carlos y Verónica, que aún hoy, después de tantos años, siguen comprometidos, trabajando y apostando por su Aldea, siguen respaldando a la FIESTA DEL INMIGRANTE ALEMAN.
Alicia A. Córdoba

Edición 2013



Más información: 17° Fiesta del Inmigrante Alemán 
Teléfonos: 03446 15478721  / 15531772

Aldea San Antonio, 1889 - 2013

Aldea San Antonio, 1889  -  2013  
Pasado, Presente y Futuro...
de una comunidad con Raíces de Progreso


Aldea San Antonio. Una localidad de 1.700 habitantes en el departamento Gualeguaychú, al sur de la provincia de Entre Ríos.




Reseña de la Historia de Aldea San Antonio, departamento Gualeguaychú, Entre Ríos
El comienzo de nuestra historia se remonta a la segunda mitad del siglo XVIII, en una Europa conflictuada por las ambiciones de las Casas Reinantes. Cuando reinaba María Teresa de Austria, Emperatriz de Alemania, las tierras germánicas se hallaban empobrecidas y arrasadas principalmente por dos guerras fratricidas: la de los 30 años (1618-1648) y la de los 7 años (1756-1763). Esto alentó a un fenómeno poco común: que fue la emigración a las llanuras del Volga de un numeroso contingente de familias alemanas.


Desde 1764 las colonias alemanas del Volga gozaron, además de los beneficios acordados para su instalación, de libertad civil y religiosa, del derecho de autogobierno de sus comunidades, de la libertad de instrumentar sus propias escuelas y de continuar cultivando el idioma natal.

Un siglo después, otros Emperadores cambiaron la política respecto del Imperio. Imbuídos de un fuerte nacionalismo, impusieron al mosaico de etnías y pueblos que constituían sus dominios, un vasto plan de “Rusificación”. No quedaron exentos de esta nueva política los colonos alemanes del Volga, quienes en su mayoría, prefirieron perder la floreciente prosperidad que habían alcanzado para conservar sus derechos de libertad y su personalidad nacional. Esto determinó un segundo y definitivo éxodo para los alemanes del Volga, quienes trasponiendo los mares decidieron alcanzar las nuevas tierras de libertad que florecían en el Nuevo Mundo: Estados Unidos y Canadá, Brasil, Argentina y Paraguay.

El 18 de Enero de 1878 quedó concluida la mensura del terreno que el gobierno de la Nación destinada a la formación de la Colonia Gerenal Alvear. La entrega de las respectivas chacras se demoró, pues los colonos querían residir avecinados en aldeas, mientras los funcionarios públicos pretendían que levantasen sus viviendas en cada lote asignado.

Fieles a su tradición, costumbres y estilo de vida los inmigrantes terminaron por lograr su propósito y formalizaron cinco aldeas integradas por familias católicas y una sexta constituída por devotos evangélicos. Esta fue bautizada con el nombre de Aldea Protestante.

A comienzos de la década de 1880 la Colonia Alvear poseía unos 2000 habitantes tanto por crecimiento vegetativo como por afluencia de nuevos inmigrantes. Para salvar la insuficiencia de tierras los nuevos pobladores comenzaron a buscar nuevas tierras de labranza por medio de arrendamiento a propietarios cercanos pero, sobre todo, por medio de la formación de consorcios. Se agrupaban también formando aldeas. Las aldeas de la Colonia Alvear fueron por consiguiente aldeas madres de las que en pocos años se erigieron en el resto de la provincia.



Las tres aldeas de los Campos Floridos, San Antonio, San Juan y Santa Celia, reconocen como Aldea-Madre, a la Aldea Protestante de Colonia Alvear.


En 1887, procedentes de la Aldea Huck, de orillas del Volga, llegaron 19 familias a Aldea Protestante. Estas personas encontraron la protección de un funcionario de origen alemán, Juan Spangenberg, poseedor de 12000 has. en el departamento Gualeguaychú, donde proyectó instalar a estos colonos.

Escultura La Oma 

Llegaron en octubre de 1888 a destino, hallando campo virgen, con pastos naturales muy altos, vacas chúcaras que les observaban asustadas entre los árboles de ñandubay y espinillos al pasar y numerosas gamas y ñandúes que eran los únicos pobladores de tales tierras; pese al salvajismo que presentaban dichos campos no les quedaba otra que aceptarlos.

Se formaron tres grupos, libremente; el primero Los Huckre, que fundaron la aldea San Antonio, el segundo, los Bauer, Schimpf y Reichel, aldea Santa Celia y el tercer grupo “surtido”, más grande, que formó la aldea San Juan.



Municipio de Aldea San Antonio
San Martin 385, Villa San Antonio, Entre Ríos, Argentina.
+54 (03446) 15533648 - 497009 / 497103 / 497168 

E-mail: prensa-asa@hotmail.com 
Sitio web: www.munialdea.gov.ar

miércoles, 31 de octubre de 2012

31 de octubre Día del Isleño en Entre Ríos

Allá por el ´36 las actividades productivas del isleño estaban en auge. Un grupo de hombres y mujeres, liderados por Sandor Mikler concretan el sueño de reunir a mas de3500 habitantes de todo el delta en el «Primer Congreso de Productores Isleños» realizado el 31 de octubre, en el Club Regatas Independencia sobre el Paraná Miní provincia de Buenos Aires, que continuaría en forma interrumpida hasta la actualidad como «Día del isleño».

Del Primer Congreso surge el «Consejo Permanente de Productores Isleños», hoy Consejo de Productores del Delta, integrado por más de diecisiete jurisdicciones y organizaciones no gubernamentales, que siguen buscando el bienestar del isleño.

Por esta razón las provincias de Buenos Aires (1937), Entre Ríos (1938) y Santa Fe(1976) declaran este día, como DÍA DEL ISLEÑO, materializado simbólicamente que el delta Argentino es uno solo.

Junto a la celebración de la Patrona, NUESTRA SEÑORA DE LAS ISLAS, la comunidad isleña refuerza este día su esperanza y fe en ser reconocidos como habitantes de un suelo incomparable y mágico, que cada día nos hace “volver a empezar” como parte de nuestra filosofía de vida luego de cada inundación. 


 “El agua te da y te quita.
Se chupa el alma con la esencia de la isla
y te la llevas a donde quiera que vayas.”



Fotografías Anabella de Anabella Visconti


Foto: Pelusa Olade

Foto: Silvia Mahl de Sosa

  
Aporte de: CARPINCHAGRING: http://www.facebook.com/silvia.mahldesosa  
Villa Paranacito noticia: http://www.facebook.com/groups/58635284926/ 

Noviembre azul - Paraná

Jacarandá
"Cuando se va yendo octubre
y noviembre está al llegar,
un mes al otro le entrega
la flor del jacarandá" 
(De Noviembre azul - Paraná)

Carlos Alberto Álvarez (1917-1986)

lunes, 15 de octubre de 2012

Recetario (poema)


de Jorge Enrique Martí, poeta colonense por adopción, Entre Ríos.


A la usanza de mi tierra
y sin arte coquinario,
aquí traigo estos yantares
con estilo literario.

No hay rincón de mi provincia
sin su propia ejecutoria,
desde La Paz a Ibicuy,
desde Colón a Victoria.

Cualquiera que haya observado
con un poco de advertencia
sabe que el hombre entrerriano
mezcla con maña su ciencia,

Y que en la serena guardia
de mis paisanos campea
la firmeza del puntal
con que sostiene su idea.

Por el uso del cuchillo
sabe cuerear con baquía,
sin que les sobre ni un tajo
ni les falte valentía.

Así, pues, siempre disponen
bien afilado el facón,
para una tira de asado
o plantarse ante el montón.

Me ha tocado presenciar
con frecuencia, compañero,
la pericia del paisano
asando alguna con cuero.

La operación le demanda
el tiempo de una jornada:
si se come al mediodía
la empieza de madrugada.

Saca las mantas parejas
cocidas con tanto celo,
que téngalo por seguro
no les chamusca ni un pelo.

(Entre paréntesis pongo
el cordero con su lana,
sin que se le queme el vellón
ni quede cruda la grasa.)

El asado necesita
leña que de buena brasa
y aunque la carne sea tierna
si usted lo apura, fracasa.

Ha de salir bien plantado
con el ñandubay campana,
que al galope del hacha suena
como bronce de llamada.

Con pencas de palma seca
se obtiene el calor preciso,
pero a condición que sepa
los secretos del oficio.

He visto, llegado el caso
y será bueno contarlo,
prender el fuego con chala
y asar la carne con marlo.

El pobre sabe por pobre
que hasta la humilde biznaga
ofrece como humo azul
la caricia de sus brasas.

De donde, amigo, colijo
que más que baquía y ciencia,
con el asado hay que usar
la virtud de la paciencia.

Al asador o en parrilla,
a las brasas o a la llama,
no calcule mal el tiempo
como el cristiano en su cama.

La buena forma de asar
es dejarlo y lentamente,
así hasta a la carne dura
se le puede hincar el diente.

Cuando es dura en demasía
queda como de mamón
si se la envuelve en la noche
entre hojas de mamón.

Todo bicho que camina, 
según dice el refrán,
en la parrilla termina
con buen vino y mejor pan.

No se confunda, compadre,
con la vocal de los huevos:
al rescoldo los de toro
y a la sartén los de tero.

A la hora del vermú
una fresca luserita
con la sabrosa fritanga
de oportunas mojarritas.

Dicen que el chupín más rico
es de armado y de La Paz,
pero con patí de a kilo
sale al cruce Gualeguay.

Lo quisiera comprobar
y aguardo la invitación:
a dos puntas la recibo
con galleta y semillón.

Si de pescado se trata
recomiendo, por su bien,
estas postas doraditas
de manduvé a la sartén.

Con buen adobo y al horno
será bueno si dialoga
con ese pez que por algo
recibe el nombre de boga.

Me gustaba en el Ayuí
el dorado a la parrilla
o rociar con vino blanco
las postas de tararira.

Y si anda por Paraná
lléguese a Bajada Grande:
surubí frito es la norma
para hecharle un pial al hambre.

Por otro lado se ufana
la gente de Feliciano
de que en su pago se come
el mejor locro entrerriano.

Y que pueden alardear
porque su oferta no es poca
y si charque no les falta
es que les sobra mandioca.

Sin embargo y me disculpan
este afán felicianero,
si digo que son de allá
las delicias del cordero.

Locro talense he comido
andando de buena racha
y con suerte he saboreado
mi escabeche de vizcacha.

Milanesas de carpincho
supe e Islas apreciar
y el guiso de copetonas
me deleitó en Uruguay.

Hay, en materia de bichos,
quien come cualquier engorro,
pero olfatee de lejos
las picardías del zorro.

Nunca se deje de tentar
con la sopa de bandurria,
que así suele castigarse
al comilón por su angurria.

Es lo mismo que el chajá
pura pluma y puro grito:
no hay adobo que le caiga
por más que lo sirva frito.

Pero chifle de contento
si alguien lo invita a comer
esos pichones de loro
salteados a la sartén.

También anduve en el Clé
trinchando alguna picana
y asé huevos de ñandú
al rescoldo de las brasas.

En tierras de Federal
gusté el puchero campéon,
con falda y grano de pecho
y un sancocho de pirón.

Por más que diga el islero
que paraguiso es la anguila,
mi guiso más memorable
fue de perdices y en Chilcas.

En ollita de tres patas 
conocí el guiso carrero,
con un puñado de arroz
y un manojo de fideos.

Y en pagos de Yiquerí
se ofrece la parrillada
con mollejas crocantitas
y hasta con tripa choteada.

Cuando el sopor del verano
pierde unos grados de fiebre,
vieran los que degustar
un estofado de liebre.

Y bien podría agregar
aunque no parezca grato.
la suprema  a la parrilla
con la cola del lagarto.

Hasta la vieja del agua 
que se pesca y se abandona,
por más que la crean vieja
tiene sabrosa la cola.

Allá por las arroceras
y con gente que es baqueana,
he gustado en Villa Elisa
una fritada de ranas.

Y adviertan que no me olvido
ni del humilde apereá,
que con unos pocos dientes de ajo
parece un pollito más.

También dicen, sin que sea
testigo de esa conseja,
que no es bueno despreciar
el guiso de comadreja.

Tal vez, siguiendo la rima,
que de con la lenteja,
cuando le sirvan el plato
usted se excusa y lo deja.

Pueblo Liebig tuvo fama
con la palomita asada,
regada con buen tinto
apenas esté dorada.

Y sepan, si no lo saben,
que allí también conocí
la delicia que se llama
puchero de surubí.

Seguro que en Santa Elena
con prohibición de ley seca, 
lo atrapará el olorcito
de la gloriosa buseca.

Y en la tierra colonense 
donde transcurre mi vida,
será oportuno encontrar
alguna ollita podrida.

Como rareza he sabido
de un pucherito criollo,
cocinado a medio fuego
en la bolsa del mondongo.

Yo expreso mis preferencias
dando razón de empeño:
es fama de Nogoyá
el tibio jarro de ordeño.

Hubo vinos en Concordia
que se olvidan jamás,
un blanquito, sobre todo,
apodado marchatrás.

Pero el buen vino colono,
tinto, grueso y volteador,
como hasta el nombre lo dice
duerme en cubas de Colón.

Para esas tardes de lluvia
despaciosa y parejita,
no hay como un rancho de Lucas
con mates y tortas fritas.

Y escuche bien, aparcero,
no se quede en la estacada
si en Villaguay lo convidan
con alguna torta asada.

Entre empanadas de dulce
y pastelitos de hojaldre,
anduvo mi paladar 
como en el aljibe el balde.

Rosquitas y medialunas,
arroz con leche y canela,
y ese dulce de guayabas
de la tierra montielera.

Y al final, como remate,
un té para el comilón,
que puede ser de lucera
con un gajo de cedrón.

Otros prefieren carqueja
cortada con yerbabuena
o el ramito de poleo
entremezclado con menta.

Porque mi gente es yuyera
y sabe con precisión
que el secreto de la vida
se esconde en la digestión.

Y el cuerpo queda obligado 
para responder mejor
si de sopetón tropieza
con alguna invitación.

Estos son, aunque me olvide,
de alguna cosa menuda,
los yantares predilectos
con que mi pueblo se ayuda...



asado a la estaca

Jorge Enrique Martí nació en Rosario el 11 de septiembre de 1926 y cuando tenía dos años su padres se radicaron en Entre Ríos, primero en Colón y luego en Pueblo Liebig. Estudió en el “Histórico” Colegio del Uruguay “Justo José de Urquiza”, como interno de “La Fraternidad”, cuya dirección ejercio años mas tarde, después de su paso por la UBA, donde siguió los cursos de Filosofía y letras.

Tuvo una extensa relación con el periodismo escrito y radial de Entre Ríos y ha sido colaborador en las páginas literarias de “La Nación” y “La Prensa” de Buenos Aires, “La Capital” de Rosario y “El Diario” de Paraná.